Niños sordos con cerebros oyentes

No cabe duda que el avance científico y tecnológico en torno a los sistemas de ayuda auditiva para las personas que padecen sordera ha calado hondo en todo el mundo. Negar la abundante evidencia del beneficio que aportan los audífonos digitales, los equipos FM, los implantes cocleares, los sistemas bluetooth y otra gama de dispositivos electrónicos que hacen que el poder oír sea más accesible y placentero; es absolutamente inconcebible. En España, donde existe una gran tradición por la lengua de signos (o lenguaje de señas) y se ha conformado una Comunidad Sorda fuerte y solidaria, ya se están dando visos de reconocer que los implantes cocleares y los audífonos son una opción válida para las personas con sordera; la evidencia es abrumadora. Periódicos españoles, recientemente, han dado cuenta de que los intérpretes de lengua de señas en un 75% se han quedado sin trabajo y el resto apenas tiene algún contrato temporal o trabajo ocasional. ¿Será, acaso que las personas sordas con ayuda de la tecnología de avanzada se están convirtiendo en personas independientes? Algunos padres de niños sordos llaman a los intérpretes de lenguas de señas “Lazarillo.” Según el diccionario de la lengua española, lazarillo significa: Persona o animal que guía o acompaña a otra necesitada de ayuda. Los implantes cocleares, los audífonos y las novedosas alternativas tecnológicas, están dejando de lado a los “lazarillos.”

En España, la Comunidad Sorda, celebró con gran entusiasmo, una ley aprobada el día 10 de Octubre del 2007, e hizo todo lo posible para que esa ley, fuera conocida popularmente, como la “Ley por la que se reconoce la Lengua de Signos”. Pero es menester aclarar que, el título íntegro de esta ley, es el siguiente:

“La Ley por la que se reconoce la Lengua de Signos y se regula el derecho a su aprendizaje, conocimiento y uso, y se establecen y garantizan los medios de apoyo a la comunicación oral de las personas sordas, con discapacidad auditiva y sordociegas.”.

La Ley en referencia, incluye en el Titulo II, bajo el epígrafe, “Aprendizaje, conocimiento y uso de los medios de apoyo a la comunicación oral,” dos capítulos bastante explícitos sobre esta temática. A manera de ejemplo, anoto lo que establece el Artículo 16.

“Las Administraciones educativas dispondrán lo necesario para facilitar el aprendizaje de la lengua oral y de los medios de apoyo a la comunicación oral, que así lo precisen, a los alumnos sordos o con discapacidad auditiva o sordos – ciegos, que de acuerdo con lo previsto en el artículo 7 c) de esta Ley, haya elegido esta lengua. En caso de que esas personas sean menores de edad o estén incapacitadas, la elección corresponderá a sus padres o representantes legales.

Por otra parte, en el párrafo final, del apartado I, de la Exposición de Motivos se puede leer lo siguiente:

“En todo caso, el colectivo de personas sordas o con discapacidad auditiva y sordociega es muy diverso y no se ajusta a un único patrón comunicativo por el hecho de no oír. Por tanto, el uso de la lengua oral o de los signos en su comunicación con el entorno, en su aprendizaje, en el acceso a la información y a la cultura, ha de responder a una opción libre e individual que, en el caso de tratarse de menores, corresponderá a sus padres o tutores.”

En los EUA, en la actualidad, el 96% de los padres de niños sordos, están optando por el aprendizaje de la lengua oral para sus hijos (hace dos décadas, únicamente el 40% escogía esa opción). Ante estos hechos, es importante, dejar de satanizar los avances tecnológicos y el derecho de los niños sordos a un aprendizaje de la lengua oral, de su lengua materna, la lengua que se habla en su entorno familiar, en su comunidad, en su escuela, en su país. La tecnología actual brinda el acceso acústico indispensable para la adquisición de la lengua oral. El niño seguirá siendo sordo, pero con un cerebro oyente. Apoyemos todos los avances tecnológicos en beneficio de las personas sordas. Los niños sordos tiene el derecho y la posibilidad de tener un cerebro oyente. Oímos con el cerebro; no con el oído. Enseñar a oír y oír para aprender. En este momento, con la tecnología disponible, negarle a un niño sordo la posibilidad de desarrollar su cerebro acústico, se convierte en un acto egoísta y cruel.

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Dr. José Raúl Sánchez Cerdas, Ph.D
JR Sánchez Audiología

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2018-08-17T16:29:32-06:00

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